El coronavirus terminó con el debate del tiempo frente a la pantalla: ganaron las pantallas

Antes del coronavirus, había algo que me preocupaba. Se llamaba tiempo frente a la pantalla. Quizás lo recuerdan.

Pensaba en eso. Escribía mucho sobre eso. Probaba diferentes formas de desintoxicarme de lo digital como con las dietas de moda y cada una funcionaba durante una semana o dos antes de que regresara al cristal terso y brillante.

Ahora me he liberado de los grilletes de la culpa por el tiempo que paso frente a la pantalla. Tengo la televisión encendida, la computadora abierta, el teléfono desbloqueado y destellando. Quiero estar sumergida en pantallas. Si tuviera cerca unos audífonos de realidad virtual, me los pondría.

La pantalla es el único contacto con mis padres, a quienes extraño mucho pero no puedo visitarlos porque no quiero matarlos por accidente con el virus. Me ofrece horas de felicidad con mis compañeros de bachillerato y me muestra, en Facebook, fotografías de personas cocinando. ¿Hubo una época en que pensaba que Facebook era malo? ¿Una vía de propaganda peligrosa que inundaba la clase política del país? Tal vez. No lo recuerdo. Era una época diferente.

Mucha gente está cambiando de opinión.

Walt Mossberg, mi exjefe y un importante analista de productos de tecnología, desactivó sus cuentas de Facebook e Instagram en 2018 para protestar por las políticas y la negligencia de Facebook acerca de las noticias falsas. Ahora, debido a la duración de la pandemia, las ha reactivado.

“No he cambiado de opinión sobre las políticas y las medidas de la empresa”, escribió Mossberg en Twitter la semana pasada. “Solo quiero seguir en contacto con la mayor parte posible de mis amigos“.

Si regresamos a las funciones básicas de Facebook, para hablar con amigos, Portal, la herramienta de videollamadas de Facebook, ya no parece tan absurda.

Los proyectos que se concibieron concretamente para ayudarle a la gente a escapar de las pantallas, paradójicamente ahora se están adaptando a las pantallas.

“Fundé el Forest Bathing Club para alejar a la gente y a mí misma de las pantallas en el mundo de dos dimensiones y entrar a la naturaleza para sentir el mundo real”, comentó Julia Plevin, diseñadora y fundadora del Forest Bathing Club. “Ahora nos empapamos de bosque de manera virtual”.

Durante muchos años, evitar las pantallas determinó las decisiones de vida de Arrington McCoy, terapeuta de Boston.

“En gran medida, aceptaba trabajos considerando que las pantallas no formaran parte de la ecuación”, señaló, como ser instructora de senderismo y ahora terapeuta. “Y desde hace diez días, estoy en otra frecuencia”.

Un amigo reconoció que pasaba un promedio de dieciséis horas al día frente a la pantalla, casi siempre con varios dispositivos al mismo tiempo.

Tengo 31 años y he vivido casi toda mi vida en San Francisco, lo que significa que todas mis amigas están teniendo bebés u organizando inmersiones en el bosque.

Tomando en consideración nuestra población, la mayoría de quienes están teniendo bebés diseñaron planes minuciosos para mantener esos ojos inocentes alejados de las pantallas. Planes para evitar que los bebés usaran las pantallas, claro, para que ni siquiera vieran las pantallas en funcionamiento. ¿Cómo van esos planes ahora?

“Eso se fue por la borda la semana pasada”, dijo mi amiga Ashley Spinelli, administradora en la Universidad de California, campus Berkeley, quien acaba de tener a su bebé, Nico.

Shary Niv, madre de un niño pequeño, dijo: “Lo aliento a que vea cualquier programa para niños que PBS tenga en Amazon Prime”.

Daniela Helitzer, audióloga en Boca Ratón, Florida, mencionó que el tiempo frente a la pantalla era un debate constante entre los padres de su ciudad. Tenía amigos con bebés que nunca habían ni siquiera encendido la televisión antes de esto. Eso ya se acabó.

“Hemos perdido la batalla oficialmente”, comentó Helitzer, quien tiene unos niños de dos y tres años.

“He instalado todas las aplicaciones educativas que puedo. He usado todas las hojas de ejercicios interactivos en internet que he podido encontrar”, comentó Helitzer. “Si se pone a ver su iPad durante dos o tres horas al día, en realidad no me molesta. Es como si dijera ‘Usa esa pantalla lo más que puedas’”.

Llena de pantallas en estas últimas semanas, he observado algunos cambios positivos. Me comunico tanto por FaceTime con mis amigos que ahora los conozco mejor que antes. Decidí saber lo que era TikTok, y me encantó. Paso horas mirando la pantalla con la barbilla clavada en el pecho y una extraña sonrisa en el rostro. También estoy usando Duolingo, una aplicación para aprender idiomas.

Carolyn Guss, madre de dos niños y vicepresidenta de PagerDuty, una empresa de computación en la nube de San Francisco, solía ser muy estricta en cuanto al uso de las pantallas. Sus hijos, de 8 y 9 años, no tenían ningún dispositivo. Solo podían ver la televisión por un tiempo limitado. El primer día de escuela en casa durante la cuarentena, Guss elaboró un horario ideado para mantenerlos lejos de las pantallas.

“Al tercer día, ya me había dado por vencida”, afirmó. “Creo que el hecho de que haya llovido el primer fin de semana me desalentó”.

De pronto, ya les estaba dando su teléfono y los estaba poniendo frente a las computadoras portátiles. Estaban manejando dos dispositivos. Fue una especie de derrota.

Luego sucedió algo sorprendente. Empezaron a hacer cosas muy impresionantes en las pantallas.

“Mi hijo aprendió por sí solo a usar iMovie, y ahora los niños hacen videos propios de cosas muy simples —haciendo gelatina, lanzando la pelota a la canasta— y luego los editan convirtiéndolos en materiales de video bastante profesionales, comentó. “Después los comparten con sus amigos por Zoom”.

“Estos niños antes no tenían acceso a las pantallas y en unos cuantos días me superaron”.

Las personas que tienen reservas sobre el uso de las pantallas ven este momento como algo apocalíptico. Muchos activistas pasaron años luchando contra el aprendizaje por internet en las escuelas. Argumentaban que no se podía remplazar la experiencia de estar frente a los profesores.

“Las empresas de tecnología educativa se abalanzan diciendo ‘Ya ven, se los dijimos’”, señaló Emily Cherkin, quien da asesorías sobre el tiempo frente a las pantallas en Seattle. “Muchas de ellas ahora están ofreciendo sus servicios gratis. Es el capitalismo del desastre”.

Pero incluso algunos de los impulsores del movimiento de cautela frente a las pantallas están cambiando de opinión.

Una de las voces más importantes en este tema es Sherry Turkle. Durante años, advirtió que la tecnología estaba haciendo trizas el tejido social. Escribió el libro “Alone Together” (Juntos pero solos), acerca del sufrimiento social que se deriva de las cenas familiares en silencio y de la gente que camina con la cabeza agachada mirando su teléfono.

Ahora, está diciendo que tal vez parte del movimiento que ella alentó está enfocado en la dirección equivocada.

“Creo que esto revela que el asunto del tiempo frente a la pantalla es un miedo injustificado”, señaló Turkle. “Ahora, obligadas a estar solas, pero queriendo estar juntas, muchas personas están descubriendo cómo debería ser el tiempo frente a la pantalla”.

Debe estar relacionado con aprender y estar conectados. Debe ser humanizador, dijo Turkle. Todas esas horas de reuniones en Zoom es tiempo bien empleado frente a la pantalla.

El coronavirus terminó con el debate relacionado con el tiempo frente a la pantalla. Las pantallas ganaron. (Andrea Chronopoulos/The New York Times)

Nellie Bowles
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